El año 1939 señaló un momento triunfante para el general Francisco Franco y su banda nacional, marcando el fin de la Guerra Civil y el principio de “La Paz de Franco” que supuestamente siguió. Al contrario, para la población derrotada (los republicanos y otros que no se identificaron con la causa falangista) este año significaría el empiezo de más de treinta décadas de violencia y represión política sufrida a las manos de una dictadura totalitaria. En realidad, el año 1939 no vio los comienzos de la paz o de la reconciliación sino de la institucionalización de la venganza contra el lado derrotado. En un estado perpetuo del miedo, los vencidos se vieron obligados a guardar el silencio para sobrevivir. Aún cuando el Caudillo y sus partidarios celebraron los Veinticinco Años de Paz en 1964, otra vez estaban conmemorando su propia victoria y no la paz. La celebración, según el historiador Paul Preston, subrayó uno de los objetivos principales del régimen desde 1939: “mantener una enconada división entre los vencedores y los vencidos, entre la privilegiada España auténtica y la castigada anti-España” (Preston).
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